Breve Biografía de Martín Lutero y la Reforma Luterana

martin-luther-bible.jpg Martin Luther, Bible picture by AngloLuterano

Martín Lutero

A los 21 años, Martín Lutero era un prometedor estudiante de Derecho en la Universidad de Erfun. Hijo de una familia acomodada de Eisleben, en la región de Turingia, que se había trasladado a la localidad sajona de Mansfeld poco después de su nacimiento, se encaminaba hacia una apacible existencia como patricio. Pero ese año de 1505 un incidente cambió por entero su vida. Regresaba de una visita a casa de sus padres en Mansfeld cuando se vio sorprendido por un terrible temporal. Un escalofriante  rayo estuvo a punto de  alcanzarle; atemorizado, prometió a santa Ana que se haría monje si lo libraba del peligro. Pocos días después cumplía su promesa e ingresaba en el monasterio agustino de Erfurt. El joven monje destacó rápidamente por su brillantez en los estudios teológicos, así como por su minuciosa y recta observancia de las estrictas reglas de la vida monástica. Sus superiores estaban maravillados por la extrema severidad y rectitud con que Lutero cumplía con los ayunos, las abstinencias, las vigilias. Las enseñanzas y demás ejercidos espirituales. En 1510, cuando se discutía la unión de su monasterio agustino con aquellos que tenían una disciplina mucho menos rigurosa rigurosa, sus superiores decidieron que fuera él quien los representara ante el general de los agustinos en Roma. A finales de 1510, Lutero emprendía su primer y último viaje a la capital de la Cristiandad. Durante su estancia romana, Lutero creyó necesario seguir las costumbres de los peregrinos y. entre otras cosas, subió de rodillas la escalera santa sita en la basílica de San Juan de Letrán, rezando un padrenuestro en cada escalón. Se dice que durante su ascensión recordó de forma contrariada da la cita del apóstol Pablo: «El justo por la fe vivirá». Aunque su estancia en la Ciudad Santa no quebrantó su fe, Lutero volvió a Alemania horrorizado por la corrupción de las costumbres y la frivolidad que invadía los sitios santos en Roma.

EislebenGermany.jpg Eisleben, en la región de Turingia picture by AngloLuterano

Eisleben, en la región de Turingia

Regresó sólo por poco tiempo a Erfurt, pues en 1511 fue transferido a Wittenberg, donde perfeccionó sus conocimientos de las Sagradas Escrituras en la recién creada universidad.

No fue hasta el 31 de octubre de I516 cuando Lutero arremetió por primera vez, durante una predicación, contra las indulgencias, la remisión de las penas de los pecadores a cambio de una donación a la Iglesia. Para Lutero, las indulgencias alejaban a los creyentes de las verdaderas fuentes de salvación; le escandalizaba, por ejemplo, que las reliquias conservadas en la iglesia del castillo de Wittenberg pudiesen llegar a asegurar al peregrino 130.000 años de indulgencia.

Un año después de este sermón, Lutero volvió a la carga. El papa León X acababa de publicar una nueva indulgencia para la reconstrucción de la basílica de San Pedro, confiando al arzobispo de Maguncia su predicación en los territorios norteños de Alemania.

Lutero redactó entonces sus famosas 95 tesis sobre la virtud de las indulgencias. Su intención era recuperar las enseñanzas que la Iglesia ya había defendido en otros tiempos: que ninguna compra de indulgencia sirve para redimir los pecados, pues sólo Dios puede perdonar las culpas a los fieles arrepentidos. De inmediato se le ordenó desde la curia pontificia que se retractara, a lo que se negó.

Excomulgado y Hereje

En los meses siguientes, Lutero logró el favor de un importante príncipe alemán, el elector de Sajonia, Federico el Sabio. En dos ocasiones hubo de comparecer en territorio alemán ante los legados papales, al tiempo que participaba en intensos debates públicos. Defendió que un concilio o incluso un solo creyente podían corregir al mismísimo papa mientras sus argumentos estuvieran apoyados sobre la Biblia. Incluso se atrevió a defender públicamente que la Iglesia no precisaba de ningún poder terrenal, puesto que Cristo era su cabeza, y que dicha Iglesia no descansaba sobre los cimientos del papado, sino sobre los de la fe en Cristo.

En agosto de 1520, Lutero dirigió un llamado A la nobleza cristiana de la realeza alemana, para el mejoramiento del estado cristiano, en el que defendía que todos los cristianos podían ser sacerdotes desde su bautismo, que cualquier lector que contase con la fe podía interpretar las Escrituras y que todo fiel tenía el deber de convocar un verdadero concilio libre. Era toda una declaración revolucionaria para la jerarquía eclesiástica de la época. La respuesta de la Iglesia romana no se hizo esperar. En octubre de 1520 se quemaron obras suyas en Lovaina y Lieja, y el 3 de enero de 1521 el Papado promulgó la bula Decet Romanum Pontificem, por la que Lutero y los partidarios eran excomulgados. Pero el momento decisivo llegó cuando el emperador Carlos V convocó al díscolo monje ante la Dieta (la asamblea de los príncipes y ciudades del Sacro Imperio) reunida en Worms. Siempre protegido por el elector de Sajonia, el monje agustino se presentó el 16 de abril de 1521 ante la Dieta con un salvoconducto imperial.

En Worms, Lutero fue recibido entre aplausos por el pueblo. Allí por donde pasaba, la gente corría a ver al hombre que encarnaba la lucha contra la opresión. En el palacio episcopal le recibió el joven emperador, acompañado por los príncipes y electores imperiales y otros altos dignatarios. Lutero reconoció como suyos todos los escritos publicados bajo su nombre, pero cuando el obispo de Tréveris le preguntó si se retractaba de sus tesis pidió un tiempo para reflexionar. Junto a sus obras apiladas sobre la mesa veía todas sus esperanzas de renovar la Iglesia universal, las esperanzas de un pueblo. Al día siguiente respondió sin titubeos. En sus textos había citado fielmente las Sagradas Escrituras, por lo que estaba sometido a su conciencia y a la palabra de Dios: «Por eso no puedo ni quiero retractarme de nada, porque hacer algo en contra de la conciencia no es seguro ni saludable». Al dejar Worms, fue acusado de herejía y se escondió en el castillo de Wartburg, protegido por el Federico de Sajonia.

WartburgCastle.jpg Wartburg Castle picture by AngloLuterano

Castillo de Wartburg

Entretanto, las palabras y los escritos de Lutero inundaron y sacudieron la sociedad alemana. Como si se tratase de la señal que todos esperaban, sus declaraciones en la Dieta de Worms hicieron surgir reformadores y profetas que recogieron los principios luteranos.

En la Navidad de 1521, los profetas de Zwickau -Nicholas Storch, Thomas Dreschel y Marcus Stübner- auspiciaron en esta localidad sajona un programa de reformas que excedía en mucho las propuestas del monje agustino. Profetizaban el inminente retorno de Cristo, y querían destruir violentamente imágenes, estatuas y símbolos de los altares. También proponían una radical alteración de los ritos y los sacramentos; en particular, rechazaban el bautismo de los niños y exigían que los adultos volvieran a bautizarse. De allí el nombre que adoptó su movimiento: anabaptistas, «los que vuelven a bautizarse».

Los Ecos de la Reforma

Algunos caballeros y pequeños nobles alemanes intentaron, por su parte, aprovechar la reforma luterana para acrecentar su poder y desvincularse de la autoridad romana, mientras que muchos campesinos vieron en ella la oportunidad de liberarse del yugo feudal. Los primeros, tras formar un ejército de caballeros a las órdenes del príncipe Franz Von Sickingen, se lanzaron al asalto del obispado de Tréveris, pero fueron derrotados en 1522.

Mucho más grave fue la guerra que protagonizaron los segundos. Y es que los vientos de igualdad y justicia social de la reforma luterana soplaron sobre una sociedad rural que pedía a gritos la libertad. Muchos campesinos pensaron que los ataques de Lutero contra la Iglesia romana eran un llamamiento contra todas las clases altas, por la estrecha relación existente entre príncipes seculares y príncipes de la Iglesia.

Entre 1524 y 1525, las violentas protestas campesinas recorrieron, en nombre de Lutero, casi toda Alemania, mientras en Mühlhausen, Thomas Müntzer – un agustino, como Lutero, a quien había conocido en Leipzig- intentó establecer una suerte de teocracia fundamentada en la igualdad y la abolición de la propiedad. Los campesinos se presentaban, de este modo, como restauradores de un orden perdido bajo el cual no se pagaban impuestos ni tasas y la comunidad elegía libremente a su pastor.

Magdeburgocathedral.jpg picture by AngloLuterano

Catedral de Magdeburgo

Los ecos de todos estos movimientos llegaron a oídos de Lutero, que los recibió con angustia. Así, en diciembre de 1521 decidió salir del castillo de Wartburg para visitar secretamente Wittenburg, lo que aprovechó para amonestar por escrito a todo cristiano que participara en insurrecciones contra la autoridad. Informado en el mes de marzo de 1522 de los excesos de los profetas de Zwickau, decidió salir definitivamente de su encierro y actuar, pues, según él, «durante mi ausencia Satán ha entrado en mi rebaño y ha cometido daños que no puedo reparar con mis escritos, sino con mi personal presencia y viva palabra». Lutero predicó ocho sermones en los que recordó a los ciudadanos que la violencia no podía propagar la palabra de Dios, sino la del diablo, pues «cuando los hombres usan la violencia para propagar el Evangelio, el diablo disfruta y se regocija».

Las palabras de Lutero surgieron un efecto instantáneo y las autoridades de Zwickau restauraron el orden público de inmediato.

Con la revuelta de los caballeros y la guerra de los campesinos, Lutero fue mucho más contundente. Solicitado por la pequeña nobleza en 1522, Lutero se negó a identificar su causa con la suya. Con los campesinos, en cambio, demostró inicialmente cierta comprensión, pero se enfureció al enterarse de que habían quemado bibliotecas, conventos y palacios. En un escrito titulado Contra las hordas ladronas y acecinas (1525) condenó la violencia campesina por ser obra del demonio y pidió a la nobleza que persiguiera a los rebeldes como si de perros rabiosos se tratara, pues «nada es más venenoso y endiablado que un revolucionario». Lutero atacó de raíz las aspiraciones campesinas de igualdad social, señalando que «el bautismo no hace a nadie ni a nada libre en cuerpo ni en propiedad, sino en el alma».

La Reacción de Lutero

Sin el apoyo de Lutero, la revolución estaba herida de muerte. En mayo de 1525 los campesinos eran derrotados en Frankenhausen y su líder Thomas Müntzer moría ejecutado.

Subsistía la amenaza del anabaptismo, el último reducto del radicalismo revolucionario en Europa, que en 1534 dio lugar a una inédita experiencia revolucionaria en Münster. Dos años después, Lutero publicó un tratado sobre El deber de las autoridades civiles de oponerse a los anabaptistas mediante castigos corporales, en el que de nuevo cerraba toda posible conexión entre su mensaje de retornar a una vida inspirada en el Evangelio y toda forma de revolución contra el orden social establecido. Para entonces, la Reforma luterana había sido acogida por los príncipes seculares alemanes, que la utilizaron como un instrumento para afirmar su poder. Lutero, por su parte, se encargó de fijar el dogma y la organización institucional de la nueva Iglesia. Habían pasado los tiempos en que apareció como un revolucionario en la Cristiandad; su tarea era, ahora, consolidar su obra reformadora y extenderla por todo el continente.

El Cristianismo de Lutero

CranachWeimarAltar2.jpg Lucas Cranach the Younger in 1555,  at Weimar picture by AngloLuterano

Lucas Cranach el Joven, Iglesia de Weimar en 1555

El retablo pintado por Lucas Cranach el Joven, realizado para una iglesia de Weimar en 1555, ilustra la idea del pensamiento religioso de Lutero: que la salvación sólo se logra mediante la fe personal y la lectura directa de las Sagradas Escrituras. El reformador aparece con una Biblia en las manos 1, señalando un pasaje de la segunda epístola de San Juan: la sangre de su Hijo Jesús nos purifica de todo pecado. Un chorro de sangre de Jesús crucificado 2, cae sobre Lucas Cranach padre 3, personificación de los verdaderos creyentes, quienes reciben así la fe sin ninguna mediación por parte de la jerarquía católica. A su lado Juan Bautista 4, señala a Cristo y su figuración como Cordero de Dios 5, que quita el pecado del mundo. Tambien aparece Cristo resucitado 6, clavando el asta de su bandera al demonio. Al fondo se muéstrala expulsión del hombre del Paraíso 7, fuente del pecado original, y a Moisés maldiciendo a los que no cumplen con los mandamientos 8.

Los riesgos de tomar la Biblia al pie de la letra

HeinrichAldegraver.jpg Heinrich Aldegraver picture by AngloLuterano

Anabaptistas, por Heinrich Aldegraver

Lutero sostuvo que cualquier persona tenia derecho a leer y estudiar las Sagradas Escrituras, sin depender del magisterio de la jerarquía eclesiástica. Muchos de sus seguidores soñaron con construir una perfecta comunidad cristiana a partir de la estricta observancia del Evangelio, sacando conclusiones chocantes para la moral corriente. Los anabaptistas, en particular, defendieron la poligamia con el argumento de que todos los grandes patriarcas bíblicos la habían practicado.

En 1534, el panadero Juan Matthys y el sastre holandés Juan de Leyden tomaron la ciudad de Münster, y establecieron un régimen de comunidad de bienes y de mujeres que escandalizó tanto a los católicos como a los luteranos. Tales prácticas, sin embargo, no fueron patrimonio exclusivo de los anabaptistas. Felipe de Hesse, acérrimo enemigo de éstos y protector de Lutero, se desposó en segundas nupcias sin romper su primer matrimonio. El príncipe pidió consejo a Lutero sobre la cuestión, a lo que este le respondió que la Biblia no parecía decir nada en contra de la poligamia, pero que lo mantuviera en secreto para evitar el escándalo.

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